Cochran tenía estos adoquines por cama y estas calles por hogar, vestía siempre prendas de mujer, con la ropa interior por fuera, como un Superman travestido que defendía los derechos civiles, en especial de los mendigos maltratados por los secuaces del sheriff. Llegó un momento en que todos saludaban al forastero tocándose con el índice el ala del sombrero. Todos tenían simpatía a Mr. Cochran y a los discursos que sacaba de su barba poblada e hirsuta. Tanto es así que se presentó tres veces como candidato a la alcaldía y una de ellas, a punto estuvo de ganar. Se convirtió en el último héroe del corazón contracultural, contestatario y libertino de Austin, incrustado en el núcleo de la muy conservadora República de Texas. Se convirtió en el rey sin corona de una ciudad que patrullaba siempre subido en su triciclo, vigilando que los ciudadanos no se volvieran demasiado cuerdos, que mantuvieran una pulsión patológica por vivir, una creatividad salvaje y un ingenio irreverente que desafiara las cuadrículas morales, los domingos burgueses y los "God Bless América". No fue pionero, pero sí un tronco que hizo arder bien fuerte la hoguera de lo estrafalario y lo extraordinario que prende en Austin, desde hace décadas.http://www.vetustamorla.com/blog.aspx?i=52
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